ILUSIÓN, para mí una de las palabras más bonitas de nuestra lengua. La usamos continuamente y es difícil traducirla sin perder en el proceso mucho de su significado. Me refiero a esa parte positiva que raramente se encuentra en otros idiomas. A menudo, conversando en otra lengua, me encuentro intentando describir ese concepto, usando un sinfín de palabras pero con la sensación de dejarme algo en el camino. Entusiasmo, esperanza,... Sí, se acercan, pero no acaban de convencerme. Ese término es tan exacto que me resulta muy difícil encontrar otra palabra que sea capaz de englobar todo aquello que se siente.
Ilusión es una palabra que está muy presente en mi vida y en mi vocabulario, es el motor que me da fuerzas para afrontar un nuevo día con ganas y alegría, un nuevo proyecto con entusiasmo. Es aquello que me mueve y que impide que desfallezca, es ese placentero nerviosismo que sentía de niña el día antes de una excursión. Y no lo quiero perder, quiero vivir siempre ilusionada, tener siempre una ilusión, aunque algunos me llamen ilusa por ello.